El gobierno de Barack Obama
comienza con un mensaje muy
claro para el resto del mundo: los Estados Unidos va a tener una política muy activa en mejorar las relaciones con el resto del mundo, menos unilateral y más abierta. Igualmente, otro mensaje que sus 100 primeros días están dejando claro es que América Latina no va a ser una de sus prioridades.
Claro que los cancilleres y miembros del servicio diplomático de los países de la región esto ya lo saben, o lo deberían saber. El primer lugar en la agenda lo ocupan Iraq y Afganistán. También debe estrechar sus relaciones con aliados económicos estratégicos como China, Singapur, Alemania e Inglaterra. Además debe lidiar con amenazas potenciales y reales como Líbano, Siria, y principalmente Irán. Después de todos ellos, viene América Latina. Una región que está sufriendo muchos cambios, que está redefiniendo muchas de sus cartas magnas, que sufre del flagelo del narcotráfico, la pobreza, la corrupción y el analfabetismo.
En este escenario, estamos solos para
resolver nuestros problemas, o mejor
dicho, contamos los unos con los otros.
Repasando los actos más sobresalientes
de la relación entre la nueva administración y la región, la delegación Argentina fue la primera en realizar una reunión de alto nivel con el gobierno americano, la cual contó con una agenda poco profunda pero de mutua cortesía. Un diálogo más abierto con Raul Castro parecería estar en camino, comenzando por el levantamiento de ciertas restricciones de viajes familiares a Cuba que fueron endurecidas durante la última administración republicana y las que ya fueron aprobadas en el Congreso y están para su discusión en el Senado.
Por otra parte, utilizando una medida
que ya ha sido utilizada por Evo Morales y Hugo Chávez, el presidente
ecuatoriano pidió la remoción de dos
diplomáticos americanos acusados de realizar conspiraciones y de tratar el país como una colonia estadounidense.
El gobierno norteamericano respondió con cautela y está buscando nuevas formas de responder a estas medidas de manera más diplomática.
Por otro lado, las comunicaciones telefónicas han sido frecuentes con los distintos mandatarios de nuestros países, respondiendo por este medio las felicitaciones de Michelle Bachellet e Ignacio Lula Da Silva, y hasta felicitando a Hugo Chávez por su victoria en el plebiscito del 15 de febrero.
Estos hechos demuestran una nueva
estrategia estadounidense en el modo de relacionarse con el resto de los países del continente, esperamos que nuestros funcionarios cuenten con la inteligencia suficiente para refundar las relaciones con USA de una forma constructiva pero con las precauciones necesarias.
Sin duda alguna, Barack Obama tendrá
una gran oportunidad para redefinir las relaciones entre los Estados Unidos y la región a mediados de abril en el Summit de las Américas que se reunirá en Trinidad y Tobago.
Estos mandatarios, por su parte, tendrán
que lidiar con fenómeno nuevo en la política latinoamericana, y es que Barack Obama con su carisma, su mensaje de cambio, sus “Listening Tours” y su excelente equipo de comunicación, es muy bien percibido por los electores. Entonces cabe preguntar, -¿cómo harán los presidentes de izquierda y centro-izquierda para gobernar sin culpar al presidente estadounidense de todos los males nacionales? En caso de hacerlo, esto puede convertirse en un boomerang que termine lastimando a ellos mismos, al menos mientras Obama disfrute de gran popularidad, la cual se pronostica que durará al menos tres años.
(*) David Meneses es Coordinador del "Latin American Program", The Graduate
School of Political Management.
The George Washington University.
Yehonatan Abelson es alumno de la maestría y research assistant. |