Faltan pocos meses para la elección
presidencial en Chile y las barajas de
las dos mayores coaliciones políticas
ya están sobre la mesa. El empresario
Sebastián Piñera competirá por la alianza de partidos de derecha, mientras que el ex presidente Eduardo Frei, intentará volver al sillón luego de dos periodos en los que la coalición de centro-izquierda se ha ido desgastando. El pronóstico es cerrado.
Un juego de ajedrez. El más parejo,
reñido y meditado que pueda
imaginarse, así son las próximas
elecciones chilenas. Un juego político
en que cada movida implica una decisión
vital para el resultado final. En que
una equivocación menor, un segundo de distracción, puede terminar con estrategias que vienen planeándose hace años. Lo sabe Sebastián Piñera que quiere encabezar el primer gobierno de derecha desde el retorno de la democracia; lo sabe Eduardo Frei que busca la extensión del proyecto concertacionista que lleva 20 años en el poder.
Hablamos de ajedrez porque se deben
coordinar muchas piezas, en Chile, hoy
más que nunca, las alianzas son inestables.
La Alianza por Chile, coalición en la que
conviven los partidos de derecha Unión
Democrática Independiente (UDI) y de centro-derecha Renovación Nacional (RN) luego de muchas idas y vueltas confirmó como candidato a Sebastián Piñera (RN). No tanto por convencimiento de la UDI, sino por la ausencia de un candidato que oponerle en primarias y las ansias de llegar al poder (el apoyo fue condicionado a diversos puestos garantizados de un futuro gobierno).
La Concertación de Partidos por la
Democracia, que nuclea a la Democracia
Cristiana (DC), el Partido Socialista (PS), el Partido Radical Social Demócrata
(PRSD) y el Partido por la Democracia (PPD) -que ya siente el desgaste de 20 años al poder y está en medio de intensas
discusiones entre sus integrantes-,
definirá su candidato en internas con
ganador asegurado (Eduardo Frei, de la DC, que competirá contra la terquedad de José Antonio Gómez, presidente del PRSD que se negó a bajarse de la disputa a pesar de carecer de posibilidades).
Varias piezas quedaron fuera del tablero.
Potenciales candidatos de la derecha
como los UDI Evelyn Matthei públicamente enemistada con Piñera hace tiempo), José Antonio Kast (presidente del partido, de efímera postulación) y Joaquín Lavín (quien compitió y perdió en las elecciones pasadas con Piñera). Por la Concertación, se bajó primero la DC Soledad Alvear (de mal desempeño en la presidencia partidaria que cedió su lugar a su correligionario Frei), el PPD Ricardo Lagos (el ex presidente que contaba con mejor imagen) y el PS José Miguel Insulza (que demoró demasiado su salida de la presidencia de la OEA y no logró el apoyo de los partidos de la Concertación). El panorama de la Alianza de derecha fue siempre más claro. Piñera era el gran candidato desde que perdió el ballotage en las últimas elecciones con la actual presidenta Michelle Bachelet. Nadie alcanzaba su popularidad ni intención de voto. En la izquierda, el terreno fue más disputado. De hecho, en la previa, Frei era el candidato peor posicionado en la opinión de la gente. El ex presidente Lagos llevaba las de ganar, pero el miedo a rifar su imagen positiva en una elección peleada y sin resultado cierto lo hicieron desistir. Miedo similar sufrió Insulza, con lugar asegurado en la OEA y muy lejos para hacer un lobby efectivo.
Piñera-Frei, Frei-Piñera. Allí la elección.
La derecha con su carta más renovadora
y cercana al centro y la izquierda con su carta más conservadora y, por ende, también cercana al centro. Disputándose el mismo electorado, y con los extremos del espectro político claramente posicionados por uno u otro, la elección es impredecible. La encuesta más reciente (periódico La Tercera-Imaginacción, 6 de
febrero) habla de un 45,6% de intención de voto para Piñera y un 42,3 para Frei.
Apenas tres puntos, que en toda encuesta representan el error porcentual, es decir: un empate técnico.
Todo esto en una segunda vuelta, ya que
la primera tendrá otros condimentos. La
izquierda extra-parlamentaria tiene algo que decir allí. Con un 10% del electorado
y habiendo ganado por primera vez
una alcaldía en la capital, la alianza Juntos Podemos Más será seguramente encabezada por Alejandro Navarro, concertacionista disidente representando al Movimiento al Socialismo (MAS) o por Jorge Arrate (Socialismo Allendista). Candidatos que relegan a los tradicionales Tomás Hirsch (Partido Humanista) y Guillermo Teillier (Partido Comunista) que ya habrían pactado un lugar como senadores a cambio del apoyo a Eduardo Frei en el ballotage.
Candidatos menores como el díscolo
senador Adolfo Zaldivar (ex DC) o el dirigente mapuche Aucán Huilcamám Paillama no tienen mucho para agregar
a una disputa con segunda vuelta asegurada. Ningún candidato alcanza por sí solo el 50% necesario.
La derecha apuesta al desgaste de una
Concertación que debió encarar su
gobierno más conflictivo (escándalos ministeriales, deficiente implementación de un nuevo sistema de transporte público en Santiago) y al crecimiento porcentual logrado en las pasadas elecciones municipales de diciembre. La Concertación, en tanto, intentará sumar fuerzas en su alianza con la izquierda extra-parlamentaria con la convicción de que el electorado volverá a preferirlos a una derecha que plantea renovación pero aún arrastra gente identificada con el régimen militar anterior.
A menos que se promulgue en estos
meses la reforma constitucional que promueve
la inscripción automática al padrón electoral y el voto voluntario -
opción muy difícil de concretar-, seguramente
se mantendrá el sistema de inscripción voluntaria y voto obligatorio que evita una renovación y cambio sustancial del electorado. El próximo 11 de diciembre es la primera partida, y el 10 de enero de 2010 la decisiva, donde se definirá quién -entre Piñera o Frei- se convertirá en el presidente del bicentenario y encabezará el país hasta el 2014.

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