“Cada paso que darás es la meta”,
Jorge L. Borges, de La Rosa de Paracelso
A pesar que en los últimos cinco años Argentina tuvo un buen crecimiento económico, existen indicadores que muestran debilidades de la competitividad productiva del país. Esta falla alienta importaciones que ponen en peligro el abastecimiento del mercado interno por las empresas locales y al mismo le quita fuerzas a la exportación.
Pero hay buenas noticias. Al
alcance de la mano está la tecnología-
que es parte de la solución, no del problema- que puede permitir dar un “salto cuántico” en los procesos productivos mediante el desarrollo del software libre. Este ya se conoce perfectamente tanto en su diseño como implementación y pueden ser desarrolladas por técnicos locales. Es el software libre.
La convergencia tecnológica está cambiando
el modo en que se trabaja con un dispositivo, y las tareas no se hacen sólo en una PC, sino que otros equipos
tienen la suficiente capacidad e independencia para hacerlos también en ellos. Y ahí también el software libre
está ganando terreno.
Se entiende como software libre el que
goza de cuatro libertades:
Uso sin restricciones del programa con cualquier propósito; copia y distribución de ese software; inspección, para ver cómo está hecho, o sea poder acceder
al código fuente de los programas;
modificarlo, mejorarlo y distribuirlo.
El uso del software libre evita la dependencia
económica de proveedores específicos y esto permite que los productos desarrollados tengan un uso más específico, adaptado a las necesidades, y menos atadas a un estándar fijo. Lo estándares abiertos también posibilitan que los nuevos desarrollo tengan una vida más útil. Su campo de aplicación es formidable
tanto en el sistema informático como de
comunicaciones. El software puede
facilitar la conectividad y convergencia a través de redes de datos, archivos
compartidos, voz, video, señales de TV,
música y hasta juegos. El instrumento
más usado es la fibra óptica con sistemas
de banda ancha de alta velocidad.
Para un uso generalizado de estas herramientas
-como en su momento fue la máquina de vapor, la electricidad, el telégrafo,
el teléfono- hay que llevar adelante
una política de Estado que tenga como
finalidad incentivar las inversiones necesarias
a través de modelos locales realistas
y que abarque tres aspectos prioritarios:
- Promoción de la inversión inicial e
innovación posterior que haga posible tarifas razonables según el nivel del
ingreso por habitante.
- Desarrollo de una estrategia de competencia
sostenible basada en ingresos realistas
por tarifas y cargos.
- Beneficio social para los consumidores
tanto en calidad de servicio como en respeto
de las obligaciones asumidas para
obtener la concesión de un servicio.
Dicho con todas sus letras, el acceso a
todos los recursos de la sociedad de la
información debe implementarse como Servicio Universal con jerarquía similar al acceso de la salud, educación, seguridad, justicia y servicios públicos. Por supuesto, en el marco de seguridad jurídica para los usuarios y empresas, y de estabilidad institucional para los organismos privados y estatales como para los entes de regulación que sean necesarios.
Argentina tiene ahora la gran oportunidad
de cambiar su historia. El país puede reformular el sistema productivo actual por otro que sea eficiente, competitivo
y fundamentalmente sustentable gracias a las nuevas tecnologías de
software que la independicen de la economía
de escala en determinados nichos de mercado, ya que no tienen esa economía
de mercado.
Hay que tomar riesgos invirtiendo en la
búsqueda de alternativas con visión de
largo plazo, apostando a la excelencia con nuevos paradigmas. La incorporación de la tecnología del software libre a la producción implica valor agregado y éste es mejor promotor de las exportaciones que los subsidios. Además constituye una mejor defensa ante la importación que la artificial barrera de
los derechos de aduana y el discrecional manejo del tipo de cambio.
Muchos problemas que existen en el tejido
productivo son consecuencia de dos
deficiencias. Una es la falta de visión para
entender los cambios mundiales, como el
fenómeno de la globalización y la otra es
la implementación de malas políticas de
apoyo a la producción. En 1980 el gurú
empresario, Peter Drucker, dijo que “Los
que creen que el mundo va a cambiar,
están equivocados. El mundo ya cambió”.
La mayoría de los líderes de Argentina no
entienden al mundo y sus cambios. Ya se
ensayan diferentes propuestas para transformar
en realidad la “ciudad digital” o
del “municipio digital” de alta conectividad
con el sistema Wi- Fi.
En especial hay que comprender el
mundo digital, el mundo de los bits.
Como explicó Nicholas Negroponte esos “unos” y “ceros” no tienen peso, tamaño,
color o forma, pero pueden viajar a
la velocidad de la luz. El costo marginal de crear más bits es cero por medio del
software libre. No es necesario un
inventario de ellos y se los puede vender millones de veces y a la vez conservarlos.
Los originales y las copias no se
distinguen. No los detienen las aduanas.
En este escenario hay que aceptar que la
banda ancha es para la era de la información
y la nueva economía lo que la electricidad
significó para la revolución industrial.
En la sociedad del conocimiento y del
mundo digital hay que entender la “ley”
de Metcalfe: las redes, ya sean de computadoras,
teléfonos, entidades o personas,
aumenta significativamente su
poder con la incorporación de cada
nodo o usuario. La propuesta de
Metcalfe es que la utilidad de una red es directamente proporcional al cuadrado del número de usuarios.
Las comunicaciones y la informática son el centro de las tecnologías para reducir la brecha
entre
los países ricos y pobres.
La conectividad y convergencia de datos, archivos compartidos, voz, video, señales de TV, música y hasta los juegos suman valor agregado a la producción.
Un axioma de la economía tradicional
sentenciaba que lo que es escaso como el
oro, los diamantes o el petróleo, necesariamente
debía ser caro. El valor máximo
de estos productos no residía tanto en su
aplicabilidad, sino en su difícil accesibilidad.
En una economía digital interconectada
por redes, el poder crece en
medio de aplicaciones en abundancia y
del abaratamiento de los costos.
La expansión de la sociedad de la información
puede tener una penetración impensada
en la población. Todo indica que no
pasará mucho tiempo antes que se pueda
recibir la señal de Internet en los hogares,
oficinas, grandes empresas, pequeños
negocios, escuelas, iglesias, clubes, a través
del tendido de cables de las empresas distribuidoras de electricidad. Tal vez sólo se
necesario un modem especial y pedir el
servicio eléctrico-digital.
La “power line commmunications” (PLC)
utilizará la red eléctrica junto con fibra óptica y será el blend de bits y kilovatios. La importancia de este adelanto es que en la mayoría de los países de América latina la conexión eléctrica abarca a más del 90 por ciento de los hogares y en algunos casos supera el 95 por ciento. Es más, los adelantos se potenciarán con la telefonía celular, los smartphones y las notebooks, cada vez más pequeñas y eficientes.
Todo el mundo corre por incorporarse plenamente
a la Sociedad de la Información.
Cada vez son más las administraciones de
la Comunidad Europea que impulsan
mediante subsidios la instalación de redes de fibra óptica, no sólo para empresas y organismos del Estado, sino hasta el hogar tanto en la ciudad como en el campo. Según un estudio realizado por la unidad de investigación de mercados de Light Reading, en todo el mundo existen más de 11 millones de usuarios de fibra óptica (FITH), cifra que llegará a los 86 millones en el 2011, o sea mañana.
Una buena parte de la imposibilidad
para utilizar estratégicamente las telecomunicaciones
y la tecnología digital nace porque no se comprende cabalmente
todo lo que hacen esas tecnologías. La característica más importante en el desarrollo de una estrategia digital y de las comunicaciones es que todas las personas vean a la tecnología en el contexto del nuevo mundo, de la nueva Sociedad del Conocimiento.
Argentina puede reformular el sistema productivo actual, en otro que sea eficiente, competitivo y fundamentalmente sustentable gracias a una tecnología que lo independice de la economía de escala. El país puede salir de las crisis financieras, productivas y económicas trazando nuevos senderos de desarrollo. Hay que tomar riesgos invirtiendo en la búsqueda de nuevas alternativas con visión de largo plazo, apostando a la excelencia con nuevos paradigmas.
Muchos problemas que existen son consecuencia de dos deficiencias: la falta de visión para entender los cambios mundiales, como el fenómeno de la globalización
y la implementación de malas políticas de apoyo a la producción. |