La continuidad y contundencia
del progreso económico
peruano en la última década, coronado por cifras récord en los pasados 2007 y 2008, han puesto a la nación del Rimac como nuevo modelo regional. Desplazando a Chile, tradicional ejemplo de “los deberes bien hechos”, Perú consolida su despegue en actividades como la minería, la agricultura y la pesca. Sus expectativas de crecimiento no se detienen con la crisis y parece enfrentar un solo desafío: la descentralización.
Muchos se sorprendieron al ver
que en 2007, según el FMI,
Perú fue el segundo país del
mundo de mayor crecimiento después
de China. El mismo año en que el Banco Mundial lo ubicó quinto como el país de mayor crecimiento exportador. El mismo Perú que durante el primer mandato del actual presidente Alan García (1985-1990) había registrado la mayor inflación del mundo y era una de las plazas de inversión menos confiables, 20 años después se pone a la cabeza del progreso sudamericano.
Los números son contundentes: el crecimiento
del primer trimestre de 2008 fue
de 9,2 por ciento. En abril del mismo año, su economía se expandió un 13,2 por ciento (récord en los últimos 13 años). Hasta ese mes, era la nación que más había crecido en el mundo. En el cierre de 2008, a pesar de una leve ralentización que trajo aparejada la crisis financiera, apenas China lo superó. Países emergentes como India y Rusia quedaron atrás. La renta per cápita creció hasta los US$ 8.883 y mejoró todos sus índices en el ámbito global (IDH, 82 del mundo; Competitividad, 35; Gobernabilidad, 32; libertad económica, 14; y percepción de corrupción, 27).
Continuidad del 2007, su mejor año hasta
el momento con el PBI creciendo 8,99 por ciento, las exportaciones un 35 por ciento y la inversión pública y privada alcanzando 21 por ciento del PBI. Entonces, sus reservas netas alcanzaron los 35.131 millones de dólares y se ubicó como primer exportador mundial de textiles, lana y plata, entre otros. Segundo exportador mundial de cobre, cuarto de zinc y plomo, quinto de oro y sexto de café.
Mirando hacia atrás, el panorama es
igualmente favorable: la deuda respecto
al PBI se redujo del 50 por ciento en el año 2000 al 34 por ciento en 2006, y el
presupuesto nacional acompañó con un
crecimiento de 50 por ciento en los últimos
cinco años.
Algo queda claro, Perú no es ninguna
sorpresa: Perú es continuidad.
Coherencia, dinamismo, diversificación
de la producción, son las claves de unéxito planeado y construido. Si bien el pasado año los sectores de la pesca y la construcción dieron un gran aporte a las cifras económicas, su base productiva se centra en la agricultura y, especialmente, en la minería. El cobre, al igual que en Chile, se destacó por su elevado precio en los últimos cinco años (precio que comenzó a desinflarse con la crisis de septiembre).
Los exportadores han logrado sortear con éxito (a diferencia de la Argentina) la
apreciación de la moneda local y el tipo de cambio desfavorable y el dinamismo
de este sector motorizó la economía toda.
Políticas públicas coherentes en materia
económica han atraído la inversión
extranjera y el Banco Central se ha ocupado
de mantener a raya la inflación aligerando
los efectos del aumento de precios
de combustibles y alimentos que
marcó la primera mitad del 2008.
La crisis no parece detener la marcha
firme del Perú. El ministro de economía,
Luis Carranza, asegura que la economía crecerá en un 5 por ciento este año y alrededor del 6 por ciento en 2010 gracias a su “capacidad de respuesta” frente a la crisis financiera mundial. Proyección respaldada por el FMI que habla de un crecimiento del 6 por ciento y lo fundamenta en: “Las altas reservas oficiales, los buenos niveles de los indicadores de solidez financiera y el uso limitado y de largo plazo del financiamiento externo, por parte de los bancos que ha ayudado a proteger al país de la fuerte turbulencia financiera que ha afectado a otros”.
Justamente, en enero pasado, Perú puso
término a una década de acuerdos crediticios
con el organismo, protegido por su solidez económica. La misma que el gobierno decidió reforzar en diciembre con el anuncio de un plan anticrisis -por US$ 6.000 millones- en obras de infraestructura para promover un esquema contracíclico que evite la caída del consumo. En vez de retraerse, continúa la apertura hacia los mercados y busca concretar nuevos TLC con la Unión Europea, China y Oceanía, entre otros, que se suman a los ya acordados con Estados Unidos, los países nórdicos y el sudeste asiático.
El panorama peruano se ve opacado apenas
por una advertencia recurrente: la
necesidad de descentralización. El último Informe de Desarrollo Humano (IDH, año 2006) indica que el modelo asumido a partir de 1990 que optó por la desindustrialización, la reprimarización y el avance del sector servicios, centralizó demasiado la actividad en la capital Lima, relegando a la periferia. Allí vive el 43,1 por ciento de la población económicamente activa, se produce el 56,6 por ciento del PBI, concentra el 84,4 por ciento de las colocaciones del sistema bancario, el 61 por ciento de la manufactura y el 53 por ciento de los servicios y el comercio.
Número a considerar para un país que
busca superarse. La descentralización es
un tema y el gobierno ya planea su estrategia, según explica el ministro Carranza: “deberemos focalizarnos en una reforma educativa, de ciencia y tecnología, básicamente”.
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