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Desempleo al por mayor

La economía de Estados Unidos necesita sumar más de un millón de
puestos de trabajo por año sólo para mantenerse al ritmo de la creciente población. Incluso antes de la crisis, bajo el mandato de Bush el crecimiento de la ocupación promedió sólo 800.000 puestos por año – y durante el año pasado, en lugar de ganar un millón más de puestos, perdimos 2 millones. Hoy se sigue perdiendo puestos de trabajo al ritmo de medio millón por mes.
No hay nada en los datos ni en la
situación subyacente que sugiera que la caída del empleo vaya a aminorar pronto, lo cual significa que para fines de este año podemos llegar a tener 10 millones de trabajos menos de lo que deberíamos. Esto, a su vez, implicaría una tasa de desempleo de más del 9 por ciento.
Si se suman aquellos que no son
considerados en la tasa estándar porque ya no buscan trabajo, más los que se ven forzados a tomar trabajos part-time cuando lo que quieren es trabajar full time, y probablemente estaremos viendo un desempleo real de alrededor del 15 % - más de 20 millones de norteamericanos que ven frustrados sus esfuerzos para conseguir trabajo.
El costo humano de una caída tan severa sería enorme. El Center on Budget and Policy Priorities, un grupo de investigación independiente que analiza programas gubernamentales, estimó hace poco que los efectos de un aumento del desempleo darían una tasa del nueve por ciento –un peor escenario posible que ahora luce muy probable.
¿Qué pasará entonces si el desempleo llega al 9 por ciento o más? Diez millones de estadounidenses de clase media serán empujados a la pobreza, y otros seis millones a la indigencia, un severo estado de privación que sucede
cuando el sueldo está a menos de la
mitad del nivel de pobreza.
Muchos de los estadounidenses que
pierdan sus trabajos también perderán
su seguro médico, empeorando el ya lúgubre estado de la salud en los Estados Unidos, e inundando las salas de emergencia con aquellas personas que no tienen otro lugar a donde ir. Mientras tanto, otros millones de estadounidenses perderán sus casas. Los gobiernos provinciales y locales, habiendo perdido gran parte de sus ingresos, tendrán que hacer recortes incluso en los servicios más esenciales.

 
 
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La era Obama: 100 días sin Bush
NUEVO HORIZONTE DE EXPECTATIVAS
La era Obama
 

Suena duro, pero es verdad. Vladimir Putin, el primer ministro y hombre fuerte de Rusia, tuvo razón cuando dijo estar "profundamente convencido de que las mayores decepciones nacen de grandes esperanzas". Por supuesto la referencia fue con respecto a la colosal tarea que le espera al líder de la Casa Blanca. Ahora tiene que demostrar que es mejor presidente que candidato, lo que no será fácil porque resulta imposible cumplir con todas las expectativas que generó cuando era una esperanza. No sólo es una esperanza para los 304 millones de habitantes de los Estados Unidos, sino para muchos miles de millones en todo el mundo. Esperanza de paz en un mundo muy violento como lo demostró el lanzamiento de misiles de Hamas sobre Israel y la incursión militar de 23 días de Israel sobre Gaza, con un saldo de 1.400 muertos, la mayoría niños, mujeres y ancianos.

Es cierto que el arribo del 44º presidente de los Estados Unidos es como una bocanada de aire fresco en medio de la atmósfera contaminada que generó su antecesor, George Bush hijo. Pero los problemas no serán menos graves y urgentes sólo porque haya un nuevo presidente de los Estados Unidos. Barack Obama (47, casado, dos hijas) lo sabe y en su discurso de asunción del mando alertó sobre las dificultades y el tiempo que llevará solucionar algunas de las decenas de casos de emergencias.
La recesión económica de los Estados Unidos que comenzó hace más de un año, según los expertos, podría durar hasta el 2010. Caídas de casi 500 puntos en el índice industrial Dow Jones, disminución de los permisos de construcción, aumento del desempleo, son un recordatorio que la elección de Obama no trajo un final a la crisis financiera, y que ésta puede limitar su expertise al implementar la agenda política ya que deberá enfocarse inmediatamente en sacar a la nación no sólo de una recesión, sino de la profundización en que se encuentra.
Las guerras de Irak y Afganistán, el conflicto entre árabes y judíos en Oriente Medio, Irán, Corea del Norte, el resurgimiento de Rusia, el nuevo rol de China y el barullo que hace el tigre de papel venezolano son temas delicados. Además los informes de los economistas apuntan para el 2009 a una contracción del Producto Interno Bruto (PIB). La tasa de desocupación que este año llegaría al récord del 10 por ciento de la población económicamente activa y que busca trabajo. Esto es un reflejo de que la situación económica interna de Estados Unidos sigue en caída libre.
Su triunfo en las elecciones fue bien recibió en todo el mundo por la esperanza que representa y, que por fin, se fue Bush del gobierno. El mandato que tiene se extenderá del pasado 20 de enero al 20 de enero de 2013 y tal vez lo ayude que el 2009, según el calendario chino, es el año del buey que representa la prosperidad obtenida a través del esfuerzo y el trabajo.
Otro de los grandes desafíos es buscar un consenso con los republicanos para lograr pasar leyes en el Congreso y unir al país tras una campaña electoral que fue divisiva. Llevar a los Estados Unidos a un victoria en la guerra en Afganistán no será fácil ya que, según algunos analistas norteamericanos, se trata de un enfrentamiento que está lejos de convertirse
en un triunfo para Washington. Los principales temas que Obama deberá enfrentar son:

  • El nuevo presidente reiteró durante toda su campaña que nunca apoyó la invasión al país del Golfo Pérsico y aseguró que iniciará la retirada de las tropas “de manera responsable”. Son 140.000 efectivos militares de las cuatro armas. En principio se hablaba de un plan de 16 meses, pero algunos expertos ponen en duda que esta meta sea realizable, y advierten que la aparente mejora de la situación no está asegurada. Lo que no está claro es de qué manera el gobierno de Obama colaborará con la consolidación del gobierno iraquí. La posibilidad de que Europa colabore parece remota.
  • Durante su campaña, Obama señaló a Afganistán como una prioridad, y apunta a reforzar allí la presencia militar estadounidense, para hacer frente a los combatientes talibán que se han fortalecido en los últimos meses. Para saturar algunas zonas y convertirlas en áreas protegidas del talibán se necesitarían 30.000 soldados más. Al parecer no actuará de forma unilateral, sino que buscará el apoyo de otros países que contribuyen a la fuerza de la OTAN que ya está desplegada allí.
  • Obama ha afirmado que está dispuesto a dialogar con el gobierno del conservador Mahmoud Ahmadinejad de Irán, uno de los mayores enemigos del gobierno de Bush. Frente a la desafiante actitud de Teherán con su plan nuclear, el futuro jefe de la Casa Blanca afirmó que buscará una salida diplomática en lugar de la acción militar que nunca descartó el gobierno saliente.
  • La relación con Moscú es una de las principales cuestiones que deberá enfrentar. Los vínculos son tensos por el rechazo de Moscú al proyecto de Washington de desplegar su escudo antimisiles en Polonia y la República Checa. El Kremlin ya amenazó con “apuntar sus misiles hacia Estados Unidos.”. Obama deberá encontrar el equilibrio entre no mostrarse débil, pero a la vez acercarse a Rusia, que puede tener un rol clave para buscar consensos en otros frentes abiertos, como Oriente Medio o Irán.
  • El conflicto entre israelíes y palestinos, que hace pocas semanas firmaron una débil tregua -luego de 22 días de guerra en Gaza- será un tema fundamental. Ante de ponerse el traje nuevo de presidente Obama no quiso pronunciarse, pero deberá tomar una postura clara lo antes posible luego de una declaración de los Naciones Unidas contra la forma de llevar adelante la guerra por parte del ejército de Israel.
  • Mientras China se consolida como actor internacional, Obama deberá buscar una política de cooperación y no de confrontación. Un dato clave es que los bancos chinos financian gran parte de la deuda de Estados Unidos. La relación con Beijing dependerá de la actitud del gobierno demócrata frente a la espinosa situación de los derechos humanos en China.
  • Las Naciones Unidas han perdido gran parte de su influencia y líderes de todo el mundo coinciden en que es necesaria una reforma. Bush le dio la espalda desde que decidió lanzar la guerra en Irak en 2003, a pesar del rechazo del organismo a la aventura bélica. Obama ha deslizado que dejará atrás el unilateralismo de Bush, pero no fue muy específico sobre qué posición tomará en relación a los organismos multilaterales, como la ONU. Es posible que en principio incremente los vínculos bilaterales, país por país. Tras el gobierno de George Bush, que ató sus decisiones a la “guerra contra el terrorismo” y bajo esta consigna dejó de lado más de una vez el derecho internacional, el nuevo mandatario tendrá grandes desafíos en este campo dentro del escenario de las Naciones Unidas.
  • También deberá proponer o respaldar reformas en organismos financieros como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
 
       
 
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