Lula -quien es algo así como el
hermano mayor de Sudaméricafue el primer líder de la región en recibir una invitación por partede Obama para visitar la Casa Blanca. El propósito de la reunión fue hablar sobre las relaciones de los Estados Unidos y Brasil, intercambiar opiniones sobre la crisis financiera mundial relacionada con la reunión del “Grupo de los 20”en Londres y el análisis de la política de la región latinoamericana. Obama es el primer presidente negro de los Estados Unidos y Lula es el primer obrero que logra la investidura. Y si bien Estados Unidos es la primera economía del mundo, Brasil ocupa un lugar destacado en el mundo, ya que ocupa el octavo puesto en el ranking internacional. El intercambio bilateral es de 50.000 millones de dólares, lo que no es una cifra despreciable en el comercio internacional. Brasil aspira a tener un lugar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas separado de la representación de América latina y forma parte del grupo informal llamado BRIC, integrado por ese país, Rusia, India y China y cuya influencia crece día tras día.
La conversación duró una hora y en
realidad ya se habían conocido por teléfono cuando Obama acababa de ser elegido presidente de Estados Unidos, una conversación que duró 25 minutos en la que el presidente estadounidense invitó a que el trato fuera informal y se llamaran por el nombre (Barack- Lula) y no por el protocolar “señor presidente”. De hecho ambos comenzaron a sentar los cimientos de una nueva alianza estratégica entre los países más importantes del continente americano.
A pesar que Brasil se opuso e inclusive
hizo fracasar en una reunión de Mar del
Plata (Argentina) a la ALCA -a la que concurrió George Bush (h)- el proyecto de EE.UU. de “libre comercio” continental, Lula siempre se las arregló para tener buenas relaciones con el ex presidente de ese país. Y, por supuesto, quiere mejorarlas con Obama, especialmente en materia de coordinación sobre los biocombustibles, en cuanto al reclamo por ingresar al Consejo de Seguridad de la ONU y a otras altas instancias multilaterales. Eso, pese a que la crisis global
ocupa hoy la mayor parte de la agenda.
Lula llevó adelante una cruzada. Señaló
la importancia de reincorporar a Cuba -
sin fijar plazos- al sistema americano nucleado en la OEA y sugirió el cese del bloqueo comercial que los Estados Unidos mantienen desde hace más de 40 años con el país caribeño. Inclusive el brasileño se dio el lujo de criticar el plan de rescate de “capitales tóxicos” que Obama está llevando adelante y lo alentó para que no cerrara el intercambio comercial de los Estados Unidos con el resto del mundo. El presidente brasileño llegó a arriesgar que hubiera sido mejor emplear un billón de dólares en promover el comercio internacional que rescatar “títulos podridos” de los bancos norteamericanos. Dijo que no se pueden gastar millones en activos tóxicos y apoyó la propuesta china de reemplazar el dólar en el comercio mundial.
Y, sí, entre Estados Unidos de Obama y el
Brasil de Lula pueden establecerse los
cimientos de una alianza estratégica, no faltarán escollos a sortear, a pesar del moderado izquierdismo del brasileño que contrasta positivamente con el modelo del venezolano Hugo Chávez, el cubano Fidel Castro y el boliviano Evo Morales. Brasil puede ser el puente entre Washington y el eje La Habana, Caracas y La Paz. Lula puede estar convencido de que una mejor relación con esos tres países permitirá disminuir peligrosas tensiones en la región. Pero la verdad es que el gran proyecto de Brasil es la construcción de una América latina sin Estados Unidos como poder tutelar, y en la que el “primus inter pares” fuera ella misma, lo que no puede dejar indiferente a ningún titular del despacho oval.
En ese proceso Lula necesita que
Washington deponga al menos en parte su oposición a Chávez y al presidente boliviano Evo Morales, a lo que ambos es cierto que podrían contribuir haciendo uso más prudente de la palabra. Venezuela y Bolivia, que mantienen en estado crítico sus relaciones con Estados Unidos luego de expulsar a los embajadores norteamericanos de sus respectivos países en septiembre de 2008, habrían saludado la iniciativa de Lula de plantear la reorientación de las relaciones de Washington con la región.
Sin embargo lo más difícil es que Obama,
luego de un bloqueo comercial de los Estados Unidos de 40 años contra Cuba -a
pesar de las reiteradas votaciones negativas a ese bloqueo por parte de asambleas de las Naciones Unidas- admita el pleno reingreso
de La Habana en los asuntos públicos y
diplomáticos del hemisferio, como por ejemplo que tenga un lugar en la OEA. Obama ha sido muy cauto, adelantando que habría diálogo y suavización del embargo, mientras que Lula apunta a la absoluta normalización política con el régimen castrista. |