¡Por fin se realizaron las elecciones presidenciales, después
de meses de campañas políticas
que se caracterizaron por
su “suciedad”: acusaciones sin
fundamento, agravios y golpes bajos! Se eligió un nuevo presidente de la República ya que no está permitida la reelección del actual que es, Martín Torrijos, del Partido Revolucionario Democrático (PRD). También se designaron 71 diputados (no existe la Cámara de Senadores), cerca de 60 alcaldes y más de 600 representantes de corregimientos (concejales). Un dato para recordar: la participación electoral fue del 73 por ciento.
El 3 de mayo pasado Ricardo
Martinelli (56 años, casado, tres
hijos, empresario) obtuvo poco más del 60 por ciento de los votos, un
alto nivel de aceptación que convalida
legal y políticamente su acceso a la primera
magistratura. Y el 1ª de julio se
convertirá en el nuevo presidente de
Panamá. Los 936.316 votos de Martinelli
significaron un 60 por ciento más que
los 584.736 de su adversaria.
Tuvo una gran idea- fuerza, y le fue
bien, cuando decidió formar la Alianza
para el Cambio, una coalición entre su partido, Cambio Democrático (de apenas diez años de antigüedad) con el tradicional Partido Panameñista. Además tuvo la habilidad de sumar a los partidos Molirena y Unión Patriótica. La recuperación política de Martinelli fue extraordinaria ya que en las anteriores elecciones había salido…último.
La candidata oficialista o sea del PRD,
Balbina Herrera, cosechó el 37 por ciento
de los votos y también fue producto de una coalición con los partidos
Popular y Liberal. La magnitud de la
derrota ya provocó grandes fisuras entre el partido oficialista. Y no es para menos
ya que la cantidad de votos que logró “la Chola” fue sustancialmente menor a la cantidad de afiliados al colectivo.
El candidato a vicepresidente y alcalde la
ciudad de Panamá, Juan Carlos Navarro,
acusó a Herrera y al número uno del partido,
que es también el presidente de la
Nación, o sea Torrijos, de ser responsables
de tan tremenda derrota. Ernesto Pérez Balladares, “El Toro”, ex presidente por el PRD, decidió hacer leña del árbol caído y no se cansó de repetir que él había vaticinado la derrota desde hace un año.
Por su parte Herrera, con un gesto de
audacia característico de ella, decidió
seguir en la cresta de la ola y se proclamó la candidata opositora para las elecciones
de 2014. Lo cierto es que si bien Herrera
ganó la nominación interna de su partido,
la cúpula del PRD con Torrijos a la cabeza siempre la consideró una advenediza.
El ex presidente Endara salió último con
una cantidad insignificante de votos, lo
que significa la muerte política de su
agrupación.
Otra sorpresa fue el triunfo de Bosco
Vallarino (Partido Panameñista -Alianza
Opositora) sobre Roberto Velásquez (PRD)
para la Alcaldía de la Ciudad de Panamá,
uno de los objetivos más buscados por los
políticos ya que se trata del distrito más importante del país, con un jugoso presupuesto de 90 millones de dólares por año. Bosco Vallarino (52, casado, 4 hijos, productor de TV y periodista) ganó con el 46 por ciento de los votos, contra el 40 por ciento de Velásquez.
En los últimos 50 años Panamá, el país
más joven de América latina, tuvo 20
presidentes, incluyendo al actual, lo que arroja uno cada dos años y medio e implica un pobre promedio político. En realidad, hay que añadir a la lista a los dos “hombres fuertes” que gobernaron con un mayor poder presidencial que el
formal. Se trata de los generales Omar Torrijos, del 13 de octubre de 1968 al 1º de agosto de 1981 cuando murió en un accidente de aviación, y el general Manuel Antonio Noriega, de agosto de 1981 al 20 de diciembre de 1989, cuando Estados Unidos invadió Panamá para capturarlo y extraditarlo a Miami acusado de tráfico de drogas. Torrijos fue el principal creador del PRD y junto con el que después fue su sucesor, Noriega, sumergieron a Panamá en una dictadura. El anterior panorama de inestabilidad hay que contrastarlo con el que se delineó desde la recuperación de la democracia de los últimos veinte años, con cuatro presidentes por un período de cinco años cada uno, como lo establece la Constitución. De todos ellos Torrijos fue el más joven: cuando asumió: tenía 41 años.
Estas elecciones del 2009 no fueron, por lo
tanto, poca cosa. Y no es un dato menor
cuando varios países latinoamericanos caminan por el borde del precipicio institucional como consecuencia de fuertes convulsiones políticas y sociales. Y sino hay que recordar las crisis que suceden estos momentos en Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua o Cuba.
Estas últimas elecciones significan que
Panamá entró en la etapa de una gobernabilidad democrática, con alternancia
de los partidos políticos en el poder.
Guillermo Endara (12 de mayo de 1989 al 31 de agosto de 1994) le entregó el poder a Ernesto Pérez Balladares (1º de setiembre de 1994 al 31 de agosto de 1999). Éste a su vez le pasó la presidencia a Mireya Moscoso (1º de setiembre de 1999 al 31 de agosto de 2004) y ella a Martín Torrijos (1º de setiembre de 2004 al próximo 31 de agosto de 2009). Ahora será el Turno de Ricardo Martinelli.
En todos estos casos el poder fue transmitido
de un partido político a otro que
no era del mismo signo, sino que estaba
en la oposición.
Algunas lamentables estridencias de la puja electoral no alcanzaron a empañar la
importancia que el poder se entregó al oponente, sin crisis, sin denuncias de fraude y en forma razonablemente prolija. La desestabilización política, al estilo de 1947 y 1968, está erradicada de Panamá.
Martinelli prometió políticas económica y social que mejoren la distribución
del ingreso a favor de las clases más pobres.

Cuando el 3 de febrero pasado finalizó el
plazo para inscribir a candidatos de los
partidos políticos, se presentaron 8 agrupaciones políticos legalmente constituidas: Revolucionario Democrático (PRD), Liberal, Popular, Panameñista (PP), Unión Patriótica, Cambio Democrático (PCD), Vanguardia Moral de la Patria y Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (MOLIRENA).
Y cuando sólo faltaban 60 días para el 3 de mayo, hubo varios aspectos novedosos. Ricardo Martinelli, candidato del pequeño Partido Cambio Democrático (PCD), que ya se había colocado a la cabeza de las encuestas de opinión pública, se alió al Partido Panameñista (PP). Martinelli no sólo logró una alianza con el PP, sino también con Unión Democrática y el MOLIRENA. El anuncio del 27 de enero, en una finca del líder del PP se hizo ocho días después de que los dos políticos se reunieran en la casa de la embajadora de Estados Unidos, Bárbara Stephenson. La coalición fue bautizada con el nombre de Alianza para el Cambio.
Balbina Herrera, del Partido Revolucionario
Democrático (PRD), colectivo actualmente
en el poder y con una gran cantidad de afiliados, mayor que los del PCD figuraba en segundo lugar. Las posibilidades del Partido Panameñista, y su candidato Juan C. Varela (a fines del 2008 las encuestas le daban sólo el 15 por ciento de las preferencias antes del acuerdo con el PCD) se fueron debilitando a tal punto que el acuerdo con Martinelli fue una forma de huir hacia adelante.
En las recientes elecciones se eligieron un nuevo presidente de la República,
71 diputados, 60 alcaldes y más de 600 representantes de corregimientos (alcaldías).
La sal de toda elección son los cambios
que reflejan los sondeos de opinión. El candidato opositor Martinelli seguía
subiendo en las encuestas y a principios de
febrero se situaba por encima del 50 por
ciento (alcanzó prácticamente el 55 por
ciento) de la intención de voto según un
sondeo de Dichter & Neira.
Mientras que Martinelli había subido 9 puntos,
desde la investigación anterior publicada
por el diario Panamá América, su contrincante,
la oficialista Herrera, había bajado 2
puntos para quedar en el nivel de un 32 por
ciento. Es importante destacar que se trató
del primer sondeo desde que el PCD arribara
una alianza con el líder opositor Juan Carlos Varela para enfrentar al oficialismo. Varela,
que ahora aspira a ser vicepresidente de Martinelli, había marcado sólo 10 por ciento
en la que fue la anterior encuesta realizada
por la misma empresa sólo un mes antes.
Las fuerzas de izquierda no pudieron presentar
ningún candidato y en el último
lugar figuró Guillermo Endara (Vanguardia
Moral de la Patria) -el primer presidente
luego de la traumática invasión estadounidense
de 1989- con apenas el 5 por ciento
de la intención de voto.
Un poco más de pimienta a la contienda
la puso el “Toro” Pérez Balladares hace
un par de meses cuando disparó artillería
pesada contra Herrera, la candidata de su
partido, el PRD, y contra el mismo presidente
Torrijos. Los acusó de haber destruido
la mística del colectivo y de llevar
adelante una mala campaña.
Los vientos habían cambiado con el citado
acuerdo PCD y PP, si se tiene en cuenta que
Martinelli fue el más débil de los cuatro
candidatos en 2004, reuniendo sólo el 7
por ciento de los votos en esa oportunidad.
Fue derrotado ampliamente por Martín
Torrijos, del Partido Revolucionario
Democrático (PRD), que en esa oportunidad
obtuvo el 47 por ciento de los votos.
Panamá entró en la etapa de una gobernabilidad democrática,
con alternancia de los partidos
políticos en el poder.
El triunfo de Martinelli en este 2009
marcaría un quiebre en la tendencia de
las elecciones presidenciales de Panamá, ya que durante 15 años, el PRD y el PP
se han alternado en el poder. A tal punto que la mayoría de los observadores
políticos pensaban que se había instaurado
una especie de bipartidismo en
Panamá. La aparición de Martinelli significa
que la política electoral de
Panamá puede desembocar en una
nueva apertura, algo diferente a la que
existe ahora. Y sólo “algo diferente”
porque tanto Herrera como Martinelli
no estaban dispuestos a romper con el
status quo que existe en el país, pero
ofrecen luchar contra la corrupción y
poner en marcha políticas económica y
social que signifiquen una mayor distribución
de la riqueza a favor de las clases
más pobres, pero dentro de la reglas
de juego de la democracia y de la economía
ortodoxa de mercado. Martinelli
el inquilino temporal del Palacio de las
Garzas, seguramente le deberá jugar
unas fichas al número 3 en su próxima
incursión al casino. El 3 de febrero fue
la última fecha para presentar candidatos
ante la Junta Electoral, el 3 de mayo
fue el día de las elecciones.
El distrito electoral más importante es la
provincia de Panamá, donde se halla situada
la ciudad capital del país, del mismo
nombre, y donde funcionan las oficinas del
Poder Ejecutivo, sus ministerios, la Justicia
y organismos del gobierno como son la
Superintendencia de Bancos y los entes
reguladores de los servicios públicos. La
mayoría de las empresas bancarias, comerciales, de servicios e industriales tienen sus casas centrales en la ciudad de Panamá. Esta urbe, a su vez tiene más del 80 por ciento de la población de su provincia. Esta situación la convierte en una típica ciudad administrativa como Washington, Brasilia, Moscú o Buenos Aires.
De los 2,2 millones de electores, prácticamente
la mitad votaron en dicha provincia
y si a ella se suman Chirirqui, Varaguas y Coclé, se llega al 75 por ciento del electorado.

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